Antes de empezar, leé este libro*


He tenido el honor de escribir la obertura de "Faltaba más cuando empezamos", la nueva obra de Mauro Ruiz Villanueva. Por eso, antes de adentrarse en sus cuentos y poemas, los invito a detenerse en estas líneas. Aquí encontrarán mi mirada humilde y respetuosa sobre un libro que no nace del capricho individual e intelectual de su autor, sino de la escucha a su gente y de su trasegar por nuestro altiplano cundiboyacense. Los invito, entonces, a conocerlo. Espero que, al igual que yo, se enganchen, lo compren y difundan este original libro.
PRÓLOGO
Por: Yeilor Rafael Espinel Torres
Habitualmente, una obra literaria surge de una conversación secreta e íntima entre su autor y aquello que está por nombrar o crear. Acto creativo individual, algunas veces egoísta y caprichoso, incluso guiado por un incesante voluntarismo. Pero el presente libro que está por empezar a leer no es ese caso, y ya verá por qué.
Este libro no nace de un acto individualista, sino de la más desprendida labor de escucha y observación de la gente, y del trasegar del escritor por nuestro bello y pujante altiplano cundiboyacense. De subir cuestas y bregar hombro a hombro con sus habitantes, con el objetivo de coronar una cumbre que les permita columbrar un porvenir común, próspero, soberano y digno de su belleza natural y humana.
Fue en ese recorrer del altiplano donde le nació la idea de escribir cuentos y poemas de dignidad sobre la vida de quienes, desde múltiples lugares (el campo, la ciudad, la fábrica o el barrio), luchamos, construimos y trabajamos por hacer de este mundo algo mejor. Rutas marcadas por esfuerzos, gestas, luchas, trabajo y amores, pero también por vida y muerte. Un impecable ejercicio literario y dialéctico con la realidad material de la gente.
Nace así Faltaba más cuando empezamos como una compilación selecta de escritos, prosas y versos que cuentan la historia individual y colectiva de quienes habitamos estas tierras, llenas unas veces de riquezas y virtudes, y otras de profundas desigualdades y vilezas, con un presente de ruina económica y corrupción por transformar.
Se le conoce a una persona cuando se habla con ella, se escucha, camina, trabaja o lucha a su lado; pero, de manera especial y profunda, cuando lee lo que escribe. Eso me ocurrió con el autor de este libro, Mauro Ruiz Villanueva, a quien conocí primero en la lucha política y después como escritor en su proyecto anterior, Esquizofrenia (2021). Libro que tuve el honor de leer y posteriormente comentar en su lanzamiento en la FILBO de 2022.
Por el honor que me concede en esta ocasión el escritor, hoy me presento con humildad y respeto ante sus lectores como prologuista de este libro. En esta nueva obra encontré no solo la evolución de una pluma fértil que en 2022 califiqué como costumbrista y nacionalista, sino un estilo que perfecciona la forma de recrear la realidad material de la gente y logra conectarla con sus anhelos de transformación.
Para mí, leer faltaba más cuando empezamos fue un gusto literario y político —se deja leer—, pero también un carrusel de emociones. Me permitió, por un lado, reconectarme con el sentimiento cotidiano de muchas personas, algunas conocidas y otras desconocidas, y, por otro, como politólogo y activista, recargar el espíritu con razones para seguir estudiando la realidad, organizando a la gente alrededor de causas comunes y, en especial, acompañándola en sus movilizaciones y reivindicaciones democráticas.
Este libro reúne cuarenta y siete textos en diversos formatos: cuentos y microcuentos realistas, cotidianos, históricos y satíricos, y algunos poemas de rima corta e inteligente. Todos giran alrededor de una pregunta central: ¿Quiénes somos, de dónde venimos y para dónde vamos? Son cuarenta y siete escritos que hilvanan dos objetivos: uno explícito y otro, si se quiere, implícito. Algo inusual en la literatura actual, donde abunda la narrativa adornada pero obvia, simple. Usted se preguntará: ¿cuál es la estrategia de este autor?
Combinar escritura explícita e implícita conlleva alternar una manera directa, clara y detallada de decir las cosas —sin espacio para dudas ni interpretaciones— y otra más indirecta, que sugiere algo sin decirlo todo. Esta última nace de una decisión consciente y deliberada: transmitir con emociones un mensaje incluido en el mismo texto, pero que exige leer entre líneas. Ojo: Mauro no oculta sus intenciones; solo las expone de forma creativa para enriquecer la comprensión de la gente que habita el altiplano cundiboyacense. Un texto implícito no es un texto cifrado: se construye sutilmente en cada palabra y oración, pero no esconde nada. Hay que seguirle la pista.
Un texto cifrado (o hermético), en este contexto, sería una obra con un segundo nivel de significado ocultado deliberadamente por quien escribe. En éste predominaría recursos literarios como las metáforas extremas, las alegorías, los símbolos privados o los juegos de palabras, cuyo objetivo es que el mensaje real solo lo comprendan unos pocos lectores que poseen el código para descifrarlo. El creador de este libro no hace eso. Él apela al mensaje implícito para revelar aquello que a veces muchos ocultan, romantizan o normalizan. Seguramente usted identificará lo explícito y lo implícito de esta obra.
Ruíz Villanueva solo busca, con inteligencia, gracia, humanidad y emoción, conectar ideas que, dichas de manera obvia o llana, perderían trascendencia. La historia, en su contexto, y quien lee serán quienes respondan la pregunta central —qué somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos—, con sus propias ideas y experiencias de lo que podría ser la realidad de un cundinamarqués o un boyacense. Ser explícito e implícito exige, además de talento escritural, talento como lector. Es el encuentro perfecto entre un lector agudo y una literatura profunda que apela a la sencillez de lo explícito e implícito para despertar conciencias, enaltecer corazones y movilizar acciones.
Merecen mención especial sus poemas que, como los de autores regionales como Álvaro Garzón Cuadros (QEPD), expresan una dignidad que no solo deleita al ser leída en voz alta, sino que inspira y renueva un compromiso honesto con nuestro país y su gente.
Hablemos ahora del recorrido que Usted, señor, señora o joven lector, tendrá que hacer. El libro Faltaba más cuándo empezamos reúne cuarenta y siete textos: una nota de autor, quince poemas, quince cuentos, quince microcuentos y hasta una ñapa, distribuidos de manera casi alterna. Predominan los poemas, seguidos de cerca por los cuentos y los microcuentos, con temáticas que alternan lo geográfico, lo emotivo, lo social, lo político y lo existencial.
El autor abre con unas notas que, a manera de pórtico reflexivo, político y existencial, indagan por nuestra identidad nacional, nuestro origen y nuestro destino como colombianos. No es aquel destino trazado por una deidad celestial, mística o metafísica, ni el de una realidad que nos tocó vivir, sino el que estamos llamados a transformar, en unidad, como país libre, independiente y soberano.
Si reorganizamos la ruta propuesta por nuestro autor por tipo de texto (poemas, cuentos y microcuentos), encontramos que los poemas exudan una lírica territorial que, aunque a veces melancólica y nostálgica, rinde un gran homenaje a Colombia, Cundinamarca y la provincia de Sabana Occidente, que incluso le queda tiempo para evocar al departamento de Boyacá con sus campos y ciudades. Versos que retratan la vida, la muerte y el amor de la gente laboriosa y honesta que habita estos terruños.
Los cuentos, por su parte, describen con contundente realismo cotidiano el paso del tiempo, la culpa, la pobreza, la desigualdad y la muerte, con conflictos humanos genuinos y un rico trasfondo social y de lucha política democrática. En medio de su aspereza, retratan también y de manera magistral los anhelos de progreso de la gente. En ellos, la mujer aparece como persona y ser social con un gran protagonismo y relevancia. Ella como motor de cambio, como conciencia y a la vez como esperanza de país. Ellas son en las historias, lo que son en la realidad: quienes sostienen la mitad del cielo, es decir, la nación, las ciudades, los campos, las industrias y los hogares. Los microcuentos, llenos de ironía y denuncia brevísima, rescatan amores, expone el drama de las drogas, la pobreza, la maldad y la muerte. Pequeños, rápidos y fuertes pero sutiles golpes de realidad, recibirá Usted envueltos en cuentos breves y bien contados.
¿Qué busca decirnos Mauro, de manera explícita e implícita, al recrear la vida de la gente del altiplano cundiboyacense? Bueno, le invito a leer este libro con mente abierta y disposición democrática para entender cómo él, usted o yo, de manera consciente o inconsciente, vivimos en función de lo que somos, hacemos y aspiramos a hacer con nuestro ser individual y, en especial, con nuestro ser social, como colombianos.
La invitación final es pues a “pisar fuerte”, como diría Ana María con su ternura y seguridad características de aquella “dignidad espesa y caliente” descrita en Del embudo del tiempo, cuando le recuerda a Julián que somos dueños de nuestra vida y que, sin ingenuidades, no debemos darle el gusto de rendirnos a quienes han sumido nuestra tierra en las penurias de la pobreza, el atraso y la indignidad. A darle “hasta que las cosas cambien”, hasta que le demos “vuelta” al embudo de la desigualdad. Súmese a Juan y Laura de Sobre el primer día, a conocer la solidaridad proletaria en un mundo de trabajo duro y vida sencilla. Adelante, con Faltaba más cuando empezamos, junto a Mauro y sus personajes, usted recorrerá de forma única nuestro querido altiplano cundiboyacense.
Cajicá, Cundinamarca, 25 de septiembre del 2026.
* Prólogo al libro "Faltaba más cuando empezamos"

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