• Yeilor Rafael Espinel Torre

Voto en blanco


El duquismo y el uribismo fueron duramente castigados el pasado 29 de mayo. Esto se evidencia en la derrota del candidato continuista Federico Gutiérrez y en los votos alcanzados por las candidaturas de Sergio Fajardo, Rodolfo Hernández y Gustavo Petro que, salvo lo aportado por los aliados clientelistas de este último, en su gran mayoría responden a un voto de inconformidad y antiestablecimiento de un país que desde el paro nacional viene expresando su indignación frente a la ruina económica y la corrupción imperante, causadas por las políticas neoliberales y los gobiernos durante los últimos 30 años.


En primera vuelta aposté por el mejor candidato y programa, el cual no logró avanzar porque se enfrentó a una política que está presa de la irracionalidad; el matoneo injurioso y violento; un relativismo ético vergonzante y una tendencia creciente a la justificación del “todo vale”. Factores promovidos por acción u omisión en especial por el candidato Petro, que han degradado el debate y confundido a la gente. Aunque las ideas y el estilo de hacer política de quienes impulsamos la candidatura de Fajardo no estén de moda, estaremos listos y listas para cuando llegue el momento. Aunque no se dieron los resultados, nuestro proyecto sigue vigente. Con dignidad y esperanza reafirmamos nuestro compromiso con Colombia. ¡La lucha continúa!


En el marco de lo definido por mi partido Dignidad, he decidido votar en blanco el próximo domingo 19 de junio en la segunda vuelta presidencial. A continuación algunas de mis razones.


No votaré por Gustavo Petro por su apoyo “con ajustes” al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (2007); por su voto a favor del ingreso de Colombia a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico -OCDE- (2018) que impone reformas como las propuestas por Iván Duque y por las que el país entero se movilizó desde el 2019; por calificar al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca -TIAR- como un “instrumento para la paz” (2020), cuando realmente ha servido para justificar la intervención guerrerista de EE. UU. en países de América Latina; por su beneplácito con la injerencia extranjera a través de sus recientes compromisos con el Fondo Monetario Internacional -FMI- (2022); por su falta de compromiso expreso para retirar a Colombia como aliado principal de la OTAN (2022) y por su programa poco riguroso y desfinanciado. Además, a pesar de que en el Pacto Histórico haya gente respetable y luchadora, es imposible siquiera pensar en apoyarlo por sus alianzas politiqueras con Roy Barreras, Julián Bedoya, Luis Pérez, Alfredo Saade, Armando Benedetti, Nancy Jattin, Ramiro Suárez Corzo, entre otros. Alianzas indefendibles que tienen cooptada su coalición y dirigen la política de la misma. Todo a nombre del “cambio” y el “todo vale”.


Por Rodolfo Hernández no votaré porque, luego de su invitación inicial, no fue posible materializar un acuerdo que mejorara su programa en varios temas importantes como el de mujer y género (igualdad); separación y equilibrio de poder; educación; ambiente; servicio diplomático; derechos democráticos de las y los trabajadores, entre otras. Acuerdo de 27 puntos que Hernández decidió, sin discusión previa, no aceptarlas. En consecuencia, sin acuerdo no hay apoyo.


La dignidad no es otra cosa que la autonomía decía Carlos Gaviria Díaz (2015). Autonomía entendida como la capacidad de tomar decisiones personales o colectivas coherentes, en libertad, a conciencia, de acuerdo a convicciones, con responsabilidad y valor civil. Por esto y todo lo anterior votaré en blanco. Lo contrario, la impostura o votar por conveniencia; oportunismo o sujeción a un poder por cualquiera de los dos candidatos sería una conducta de mi parte indigna.


Respeto a quiénes deciden a conciencia votar por cualquiera de las opciones y rechazo el matoneo y el sicariato moral en las redes sociales y las calles. Esta cultura del acoso y el matoneo engendra violencia física, no construye democracia y limita posibilidades de entendimientos futuros. El voto en blanco, así no sea decisivo en esta fase electoral, es una opción válida, legítima y respetable.